Nuestra basura

El abanico de situaciones que surgen con el paro de los trabajadores recolectores de la basura no solo es amplio, sino permite hacer aparecer un conjunto de situaciones que reflejan la sociedad que estamos siendo
Un primer nivel de análisis tiene que ver con las circunstancias de trabajo a las cuales están expuestos quienes se desempeñan en una labor tan compleja. Sin ahondar en la renta, horario de trabajo, condiciones, etc. pocos quisiéramos vernos enfrentados a tener que recoger la basura de otros para tener un “sustento”.

Frente a este nivel, la infracción de leyes laborales sólo por la cantidad de horas de trabajo de ya es absolutamente sobredimensionada. Esta situación además se perpetúa por la “oferta tácita” de las empresas que prometen aumentar un sueldo bajo a través del trabajo extraordinario.
Sin embargo, ¿debemos responsabilizar a “las empresas de la basura”, sus dueños, dirigentes o quizás quienes legislan o administran el sustento que permite desarrollar programas de subcontratación bajo “el modelo chileno” de desarrollo?

Mi impresión es que hay cosas de las cuales como individuos parte de una sociedad no nos estamos haciendo cargo.  La basura es una metáfora de lo que “hacemos desaparecer”, de levantar la alfombra y barrer el polvo bajo. Está en el nivel de desarrollo que Piaget denominaba “pensamiento mágico” que tiene dos condiciones: Desafiar la lógica de causa-efecto, olvidándonos de los resultados que tienen nuestros desperdicios y Egocentrismo.

Ambos niveles están enmarcados en una lógica de una sociedad que vive desde la desarticulación y que, a través de  las redes sociales u otras plataformas, se toma las manos y revive como colectividad, bajo premisas temporales y efímeras.  

¿Qué nos falta para comprender que las dificultades de la configuración de una nueva sociedad están en nuestra ineptitud para colaborar unos con otros y haciéndonos cargo de nuestros deshechos/acciones?

La propuesta no es simplemente reciclar y tener un cúmulo de bolsas distintas en nuestras casas, o hacer compostaje y llenarnos de tierra fértil para plantar, sino pensar qué resultados tienen nuestras acciones diarias en una colectividad que denominamos sociedad. 

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